no muchas veces, dos o tres
escenarios distintos, conviví en cajas
con conejos y con palomas
blancos y yo en silencio
la sonrisa y el impecable delineado,
¿cuándo fue que se corrieron las luces
perforadoras de ojos y entonces
vi? Ninguna de mis fantasías será
ni en esta ni en la siguiente
línea, digo, vida, nada.
Se terminó el rincón detrás
del rincón escondido, el espacio de
la magia posible
se vino todo para adelante
se achicó el umbral, la madera
el cortinado negro me empujó
desnuda y distraída, solo la mente
en blanco, hacia lo que es
un público viejo y
fatalmente agotado.
TOTAL MAGNESIANO
Papá dice que voy a vivir
ciento treinta años, yo
le recuerdo que ya tengo
un montón de problemas y
le agradezco, que me proyecte
dice, no hagas locuras,
dice, como salir a correr
ese tipo de locuras.
Quizás Total Magnesiano
ayude, sugiere que no use
para nada el microondas,
(bueno, un café puede ser).
Explica que las células se invierten
para romperse, preferible
una olla Essen o frío, eso, si
no, frío. Siento con conciencia
mis dientes, mi cadera,
mi sangre, ciento
treinta años insoportables,
no sé si quiero tanto la vida
como él, no sé. Agrega,
antes de cortar, un experimento
en un psiquiátrico, pienso cuántas
palabras precisas dice mi papá:
células, inversión, psiquiátrico,
olla Essen, debe ser el Total
Magnesiano, admirable.
Los locos no se enferman
tanto porque no tienen miedo.
Estoy al horno, respondo, yo vivo
cagada en las patas siempre. Pero no
tan loca, me parece, dice
QUE YO TOME OTRO RUMBO, A DIOS
no le importa, no lo asusta, no
lo sorprende. Si un día de esos
cambio mi forma de volver del
trabajo a casa, mi tempo al
caminar, mi actitud hacia
la vida, el amor, los amigos:
le es indiferente, le es
totalmente ajeno, aunque
mi voz toque alguna vez
-sin querer, claro- la mejor
canción, la más sensible, la más
histriónica, le da absolutamente igual.
Se sacó los auriculares, mira
esta película como si todos
los personajes fuesen tremendos
soretes o bobones, lo mismo,
dos equipos de la B Metropolitana
jugando un martes a las seis de la tarde,
así de lejos de las fuerzas del cielo, mi vida
se transmite entera, así de lejos
de la contemplación divina, mi vida
y todas mis fantasías, todas
mis elucubraciones, pasan
estoicas, nomás, sobre mí.
***

¿Por qué no cantan poetas
antiguos ahora? Estiren su voz
hasta mí y llévenme por aquel hilo
donde las sombras pensativas no
bailen, sino que dancen, no
tarareen, armonicen. Acepten
a esta enferma del nuevo siglo
en su coro de príncipes, acepten
el gemido ingenuo de esta
inmigrante de nadie, en los libros de alguien;
denme un lugar para acomodar mi forma.
¿Eh?
ENFERMA A LO LEJOS
Volví aunque en un sueño
a morir en los brazos de
madre pasa su mano
sobre mi frente abierta
borrando los pensamientos
las manos y después el pico
apoya, mide la temperatura. No
se trata de una deuda.
Porque me diste, te doy
te doy porque me diste:
no
es lógico dejarse vencer
flotar ante los ojos de
la fabricante, ejecutora,
creadora material. Es
el derecho a ser salvada
de toda pequeña cosa
por el seguro en la casa
matriz.
***
Mi anfitriona me corrige
detrás de la puerta, me dice
quedate no deambules
por la casa, fantasma.
Quisiera responderle, pero
silencio. No tengo
voz. Quisiera verte
que aparezcas guiado por
Google Maps en mi cuadra.
Arrastrarme hasta el balcón
escucharte con las mejillas
incrustadas en las rejas.
La mano derecha agarrada
como a una bandera
mirarte cruzar de vereda
mejor encuadre, ¿desde ahí
olerás mi enfermedad?
Te quiero tanto que no te oigo
gritarás y yo, en el silencio
de esta enfermedad final
total, fatal, casi nunca vista.
Los días pasarán y yo
mojada, contracturada con
la espalda en una posición anti
natural, desde donde se mire
desde el balcón inmediatamente
superior, desde aquel
tercer piso divino.
Nadie entrará a buscarme
vos te habrás marchitado
como un idiota, con ruidos
de hormiga, chiquitito
te irás a morir al asfalto.
Desde arriba un dron con cámara
filmará nuestra única muerte
al mismo tiempo tu cuerpecito
de insecto trabajador y
mi cuerpo gomoso de
enferma fatal, se verá
mucho más mi pijama
y luego la imagen enfocará
un cartel con números amarillos.
LO QUE VUELA ALREDEDOR
¿Cómo esperar que te crea
esa vida afirmada y tan sin
amor? Me parece evidente
tan posible como Dios
que esos hijos que no tuvimos
no pueden seguir rompiéndote
el corazón. Son nombres sueltos
en el aire o en Internet, son ideas
que no se apoyan más que
en ese espíritu nostálgico,
amargado y soñador, tu carta
de presentación de pibe indie
con buenas intenciones y
dolores insostenibles.
¿Cómo resistir ese relato
angustiado, golpeado, arrastrado?
¿Dónde viven esos hijos cuando
es lunes al mediodía? No creo
esta historia, no acepto la trama,
pero sobre todo, el personaje
protagonista, hace ruido de tan
desarmado, rompe la lógica y
propone una línea narrativa
en la que ni vos ni yo
encontramos razones, nos volvemos
ideas, devenimos hijos de nuestros
proyectos, con nombres fantasmales
hacemos berrinches cada vez que
una calle cualquiera nos cruza.
Por eso: que te vayas, que te vayas.
Es que no tengo más corazón, gritás
solo tengo estos nombres y
espantás con la mano todo
lo que vuela alrededor
***
Hablar enferma puede sonar divertido
aunque, más acá de los efectos, es triste.
Da bronca pensar adjetivos, cortes
rimas y voces mientras las cosas
se alejan de una
tanto, tanto.
Es triste. Pero, entonces, qué:
el llanto americano, metáforas
hermetismos, silencios, no
sé qué. ¿No es igual?
El mismo juego con otros
cubiertos y tonos.
Es triste. Si
estoy o no enferma
¿acaso importa? Si
digo que sobrevuelo
floto en el balcón con
alas de tela fina blanca
¿no hay ahí más
que una verdad o
un género? Agarrar
las palabras sueltas
solas, escuchar
lo que suena entonces
cuando una canción
-esa canción-
se mete en el cuerpo
enfermo, enferma
y no da credenciales
mordisquea y ladra
contra el tiempo
las ideas desordenadas
caen y caen sobre
otra cosa que cruza
sobrevienen las caras
las voces, imaginar
a madre cosiendo
la espalda encorvada
sobre la tela sobre
las piernas, el ruido de
la televisión, mi padre
cantando, vos con ojos sobre
algún lugar alguna
superficie, no me verás
morir, en esta casa
andaluza rodeada de
balcones.
***
En la distancia del tiempo descubro:
no pudo dejar de ser un señor
en mi casa no encontró
dónde ni cómo.
Parado como un señor
al lado de la mesa
iba hasta el living y
la casa se terminaba
en el interín
nada, no encontró
un asiento para ese
señor que era.
No alcanzaba con el amor.
Eran las sillas
el orden
los ambientes
los que separaban
más que los años.
¿POR QUÉ TE ESTOY LLEVANDO A ROMA?
Por qué cuando miro por la ventana del hospital
pienso que estamos en Roma, cuando sé que no, es
un verdadero misterio que no podría, como todo
misterio verdadero explicar. ¿Estamos en Roma,
abuelo? ¿Sos un italiano verdadero nacido y criado
en la ciudad de las ruinas, al tiempo que sos acá
otro, que anda en la ciudad moderna y planificada,
por Dardo Rocha como capital de la provincia?
Es un verdadero misterio, abuelo, por qué,
cuando veo las columnas del estacionamiento,
me dan a ruinas, me dan a imperio caído. Pero
che, si esta ciudad nació ayer, nomás, por qué.
Entra el sol y vos dormís con una tela mojada
en la frente, en la tele
una novela de Turquía
a bajo volumen. Te miro
las manos, el pelo crecido
el perfil, las uñas de los pies
es un misterio. No sé por qué
te estoy llevando a Roma, pero
te estoy llevando nomás,
a la ciudad de Rúmulo y
de Octavio Augusto, al imperio,
a la ciudad eterna, te llevo,
mientras las enfermeras descansan
y el sol te da apenas en la cara.
Estas son mis trampas al tiempo.


